La Biblia hoy - Reina Valera 1995

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 30/09/2014

Mateo 7-9
Texto bíblico

Versión actual:
Reina Valera 1995

Capítulo 7

El juzgar a los demás

 1"No juzguéis, para que no seáis juzgados, 2porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá. 3¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4¿O cómo dirás a tu hermano: "Déjame sacar la paja de tu ojo", cuando tienes la viga en el tuyo? 5¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. 6"No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen.

La oración, y la regla de oro

 7"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, 8porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los Profetas.

La puerta estrecha

 13"Entrad por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Por sus frutos los conoceréis

 15"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20Así que por sus frutos los conoceréis.

Nunca os conocí

 21"No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" 23Entonces les declararé: "Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!"

Los dos cimientos

 24"A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. 26Pero a cualquiera que me oye estas palabras y no las practica, lo compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. 27Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina". 28Cuando terminó Jesús estas palabras, la gente estaba admirada de su doctrina, 29porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Capítulo 8

Jesús sana a un leproso

 1Cuando descendió Jesús del monte, lo seguía mucha gente. 2En esto se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: --Señor, si quieres, puedes limpiarme. 3Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: --Quiero, sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 4Entonces Jesús le dijo: --Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.

Jesús sana al siervo de un centurión

 5Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba 6diciendo: --Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 7Jesús le dijo: --Yo iré y lo sanaré. 8Respondió el centurión y dijo: --Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado sanará, 9pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. 10Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: --De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 11Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 13Entonces Jesús dijo al centurión: --Vete, y como creíste te sea hecho. Y su criado quedó sano en aquella misma hora.

Jesús sana a la suegra de Pedro

 14Fue Jesús a casa de Pedro y vio a la suegra de este postrada en cama, con fiebre. 15Entonces tocó su mano y la fiebre la dejó; ella se levantó, y los servía. 16Al caer la noche le llevaron muchos endemoniados, y con la palabra echó fuera a los demonios y sanó a todos los enfermos, 17para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: "Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias".

Los que querían seguir a Jesús

 18Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, dio orden de pasar al otro lado. 19Se le acercó un escriba y le dijo: --Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20Jesús le dijo: --Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza. 21Otro de sus discípulos le dijo: --Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 22Jesús le dijo: --Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

Jesús calma la tempestad

 23Entró él en la barca y sus discípulos lo siguieron. 24Y se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25Se acercaron sus discípulos y lo despertaron, diciendo: --¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26Él les dijo: --¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. 27Los hombres, maravillados, decían: --¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?

Los endemoniados gadarenos

 28Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. 29Y clamaron diciendo: --¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? 30Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 31Y los demonios le rogaron diciendo: --Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 32Él les dijo: --Id. Ellos salieron y se fueron a aquel hato de cerdos, y entonces todo el hato de cerdos se lanzó al mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. 33Los que los apacentaban huyeron y, llegando a la ciudad, contaron todas las cosas y lo que había pasado con los endemoniados. 34Entonces toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, cuando lo vieron, le rogaron que se fuera de su territorio.

Capítulo 9

Jesús sana a un paralítico

 1Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. 2Y sucedió que le llevaron un paralítico tendido sobre una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: --Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. 3Entonces algunos de los escribas se decían a sí mismos: "Este blasfema". 4Conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: --¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5¿Qué es más fácil, decir: "Los pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? 6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados --dijo entonces al paralítico--: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8La gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.

Llamamiento de Mateo

 9Saliendo Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: --Sígueme. Él se levantó y lo siguió. 10Aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, muchos publicanos y pecadores, que habían llegado, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: --¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12Al oir esto Jesús, les dijo: --Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13Id, pues, y aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificios", porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

La pregunta sobre el ayuno

 14Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: --¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15Jesús les dijo: --¿Acaso pueden los que están de boda tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 16Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo, porque tal remiendo tira del vestido y se hace peor la rotura. 17Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, el vino se derrama y los odres se pierden; pero echa el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús

 18Mientras él les decía estas cosas, llegó un dignatario y se postró ante él, diciendo: --Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 20En esto, una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, 21porque se decía a sí misma: "Con solo tocar su manto, seré salva". 22Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: --Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. 23Cuando entró Jesús en la casa del dignatario y vio a los que tocaban flautas y a la gente que hacía alboroto, 24les dijo: --Apartaos, porque la niña no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él. 25Pero cuando la gente fue echada fuera, entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. 26Y se difundió esta noticia por toda aquella tierra.

Dos ciegos reciben la vista

 27Cuando salió Jesús, lo siguieron dos ciegos, diciéndole a gritos: --¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28Al llegar a la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: --¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: --Sí, Señor. 29Entonces les tocó los ojos, diciendo: --Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: --Mirad que nadie lo sepa. 31Pero cuando salieron, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.

Un mudo habla

 32Tan pronto ellos salieron, le trajeron un mudo endemoniado. 33Una vez expulsado el demonio, el mudo habló. La gente se maravillaba y decía: --Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. 34Pero los fariseos decían: --Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

La mies es mucha

 35Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dijo a sus discípulos: "A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. 38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies".
La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes."
(Dt 6:6-7)
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