La Biblia hoy - Reina Valera 1995

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 23/10/2014

Lucas 9-10
Texto bíblico

Versión actual:
Reina Valera 1995

Capítulo 9

Misión de los doce discípulos

 1Reuniendo a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2Y los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. 3Les dijo: --No toméis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. 4En cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5Dondequiera que no os reciban, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6Y saliendo, pasaban por todas las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.

Muerte de Juan el Bautista

 7Herodes, el tetrarca, oyó de todas las cosas que hacía Jesús, y estaba perplejo, porque decían algunos: "Juan ha resucitado de los muertos"; 8otros: "Elías ha aparecido"; y otros: "Algún profeta de los antiguos ha resucitado". 9Y dijo Herodes: --A Juan yo lo hice decapitar; ¿quién, pues, es este de quien oigo tales cosas? Y procuraba verlo.

Alimentación de los cinco mil

 10Al regresar los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. 11Cuando la gente lo supo, lo siguió; y él los recibió, les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que necesitaban ser curados. 12Pero el día comenzaba a declinar. Acercándose los doce, le dijeron: --Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor y se alojen y encuentren alimentos, porque aquí estamos en lugar desierto. 13Él les dijo: --Dadles vosotros de comer. Dijeron ellos: --No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 14Eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: --Hacedlos sentar en grupos de cincuenta. 15Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente. 17Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que les sobró: doce cestas de pedazos.

La confesión de Pedro

 18Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: --¿Quién dice la gente que soy yo? 19Ellos respondieron: --Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20Él les dijo: --¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces, respondiendo Pedro, dijo: --El Cristo de Dios.

Jesús anuncia su muerte

 21Pero él les mandó que a nadie dijeran esto, encargándoselo rigurosamente, 22y diciendo: --Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día. 23Y decía a todos: --Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. 24Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará, 25pues, ¿qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y se destruye o se pierde a sí mismo?, 26porque el que se averg@uence de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre y de los santos ángeles. 27Pero en verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.

La transfiguración

 28Como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió y su vestido se volvió blanco y resplandeciente. 30Y dos varones hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías. 31Estos aparecieron rodeados de gloria; y hablaban de su partida, que Jesús iba a cumplir en Jerusalén. 32Pedro y los que lo acompañaban estaban rendidos de sueño; pero, permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con él. 33Y sucedió que, mientras estos se alejaban de él, Pedro dijo a Jesús: --Maestro, bueno es para nosotros estar aquí. Hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés y una para Elías. Pero no sabía lo que decía. 34Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35Y vino una voz desde la nube, que decía: "Este es mi Hijo amado; a él oíd". 36Cuando cesó la voz, Jesús se encontraba solo. Ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho endemoniado

 37Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro. 38Y un hombre de la multitud clamó diciendo: --Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; 39y sucede que un espíritu lo toma y, de repente, lo hace gritar, lo sacude con violencia, lo hace echar espuma y, estropeándolo, a duras penas se aparta de él. 40Rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron. 41Respondiendo Jesús, dijo: --¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae acá a tu hijo. 42Mientras se acercaba el muchacho, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre.

Jesús anuncia otra vez su muerte

 43Y todos se admiraban de la grandeza de Dios. Estando todos maravillados de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44--Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras, porque acontecerá que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. 45Pero ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendieran; y temían preguntarle sobre esas palabras.

¿Quién es el mayor?

 46Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor. 47Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño, lo puso junto a sí 48y les dijo: --Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió, porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es el más grande.

El que no es contra nosotros, por nosotros es

 49Entonces respondiendo Juan, dijo: --Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50Jesús le dijo: --No se lo prohibáis, porque el que no está contra nosotros, por nosotros está. 51Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53Pero no lo recibieron, porque su intención era ir a Jerusalén. 54Al ver esto, Jacobo y Juan, sus discípulos, le dijeron: --Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? 55Entonces, volviéndose él, los reprendió diciendo: --Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, 56porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.

Los que querían seguir a Jesús

 57Yendo por el camino, uno le dijo: --Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58Jesús le dijo: --Las zorras tienen guaridas y las aves de los cielos nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza. 59Y dijo a otro: --Sígueme. Él le respondió: --Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60Jesús le dijo: --Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú vete a anunciar el reino de Dios. 61Entonces también dijo otro: --Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Jesús le contestó: --Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.

Capítulo 10

Misión de los setenta

 1Después de estas cosas, el Señor designó también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. 2Y les dijo: "La mies a la verdad es mucha, pero los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. 3Id; yo os envío como corderos en medio de lobos. 4No llevéis bolsa ni alforja ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. 5En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: "Paz sea a esta casa". 6Si hay allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 7Quedaos en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. 8En cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan delante 9y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios". 10Pero en cualquier ciudad donde entréis y no os reciban, salid por sus calles y decid: 11"¡Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros! Pero sabed que el reino de Dios se ha acercado a vosotros". 12Os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para aquella ciudad.

Ayes sobre las ciudades impenitentes

 13"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentadas en ceniza y con vestidos ásperos, se habrían arrepentido. 14Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras. 15Y tú, Capernaúm, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. 16"El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió".

Regreso de los setenta

 17Regresaron los setenta con gozo, diciendo: --¡Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre! 18Les dijo: --Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Jesús se regocija

 21En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. 22"Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar". 23Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: --Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis, 24pues os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.

El buen samaritano

 25Un intérprete de la Ley se levantó y dijo, para probarlo: --Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26Él le dijo: --¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? 27Aquel, respondiendo, dijo: --Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28Le dijo: --Bien has respondido; haz esto y vivirás. 29Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: --¿Y quién es mi prójimo? 30Respondiendo Jesús, dijo: --Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 31Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y al verlo pasó de largo. 32Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, al verlo pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él y, al verlo, fue movido a misericordia. 34Acercándose, vendó sus heridas echándoles aceite y vino, lo puso en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. 35Otro día, al partir, sacó dos denarios, los dio al mesonero y le dijo: "Cuídamelo, y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando regrese". 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37Él dijo: --El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: --Ve y haz tú lo mismo.

Jesús visita a Marta y a María

 38Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Marta, en cambio, se preocupaba con muchos quehaceres y, acercándose, dijo: --Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: --Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes."
(Dt 6:6-7)
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