La Biblia hoy - Reina Valera 1995

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 20/10/2017

Lucas 4-5

Capítulo 4

Tentación de Jesús

 1Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto 2por cuarenta días, y era tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre. 3Entonces el diablo le dijo: --Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. 4Jesús, respondiéndole, dijo: --Escrito está: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios". 5Luego lo llevó el diablo a un alto monte y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6Le dijo el diablo: --A ti te daré todo el poder de estos reinos y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada y a quien quiero la doy. 7Si tú, postrado, me adoras, todos serán tuyos. 8Respondiendo Jesús, le dijo: --Vete de mí, Satanás, porque escrito está: "Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás". 9Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del templo y le dijo: --Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10pues escrito está: ""A sus ángeles mandará acerca de ti,que te guarden", 11"y ""En las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pieen piedra". 12Respondiendo Jesús, le dijo: --Dicho está: "No tentarás al Señor tu Dios". 13Cuando acabó toda tentación el diablo, se apartó de él por un tiempo.

Jesús principia su ministerio

 14Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15Enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.

Jesús en Nazaret

 16Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17Se le dio el libro del profeta Isaías y, habiendo abierto el libro, halló el lugar donde está escrito: 18"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para darbuenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanara los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos 19y a predicar el año agradable del Señor". 20Enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21Entonces comenzó a decirles: --Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 22Todos daban buen testimonio de él y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. Decían: --¿No es este el hijo de José? 23Él les dijo: --Sin duda me diréis este refrán: "Médico, cúrate a ti mismo. De tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaúm, haz también aquí en tu tierra". 24Y añadió: --De cierto os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. 25Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. 27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. 28Al oir estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira. 29Levantándose, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarlo; 30pero él pasó por en medio de ellos y se fue.

Un hombre que tenía un espíritu inmundo

 31Descendió Jesús a Capernaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba; 32y se admiraban de su doctrina, porque su palabra tenía autoridad. 33Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio impuro, el cual exclamó a gran voz, 34diciendo: --¡Déjanos! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. 35Jesús lo reprendió, diciendo: --¡Cállate y sal de él! Entonces el demonio, derribándolo en medio de ellos, salió de él sin hacerle daño alguno. 36Todos estaban maravillados, y se decían unos a otros: --¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus impuros, y salen? 37Y su fama se difundía por todos los lugares de la región.

Jesús sana a la suegra de Pedro

 38Entonces Jesús se levantó, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella. 39E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía.

Muchos sanados al ponerse el sol

 40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: --¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Jesús recorre Galilea predicando

 42Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo buscaba y, llegando a donde estaba, lo detenían para que no se fuera de ellos. 43Pero él les dijo: --Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado. 44Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

Capítulo 5

La pesca milagrosa

 1Aconteció que estando Jesús junto al Lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oir la palabra de Dios. 2Vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; los pescadores habían descendido de ellas y lavaban sus redes. 3Entró en una de aquellas barcas, la cual era de Simón y le rogó que la apartara de tierra un poco. Luego, sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: --Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5Respondiendo Simón, le dijo: --Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado; pero en tu palabra echaré la red. 6Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que su red se rompía. 7Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que acudieran a ayudarlos. Ellos vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: --Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9Por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él y de todos los que estaban con él, 10y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: --No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11Trajeron a tierra las barcas y, dejándolo todo, lo siguieron.

Jesús sana a un leproso

 12Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: --Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13Jesús entonces, extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: --Quiero, sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. 14Jesús le mandó que no lo dijera a nadie. Le dijo: --Ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. 16Pero él se apartaba a lugares desiertos para orar.

Jesús sana a un paralítico

 17Aconteció un día que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la Ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18Sucedió que unos hombres que traían en una camilla a un hombre que estaba paralítico, procuraban entrar y ponerlo delante de él. 19Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa y por el tejado lo bajaron con la camilla y lo pusieron en medio, delante de Jesús. 20Al ver él la fe de ellos, le dijo: --Hombre, tus pecados te son perdonados. 21Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a pensar, diciendo: "¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?" 22Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, les preguntó: --¿Qué pensáis en vuestros corazones? 23¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? 24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados --dijo al paralítico--: A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 25Al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que estaba acostado y se fue a su casa glorificando a Dios. 26Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios. Llenos de temor, decían: --Hoy hemos visto maravillas.

Llamamiento de Leví

 27Después de estas cosas salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: --Sígueme. 28Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. 29Leví le hizo un gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30Los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: --¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31Respondiendo Jesús, les dijo: --Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

La pregunta sobre el ayuno

 33Entonces ellos le preguntaron: --¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? 34Él les dijo: --¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen entre tanto que el esposo está con ellos? 35Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días, ayunarán. 36Les dijo también una parábola: --Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo, pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. 37Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. 38Pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. 39Y nadie que haya bebido del añejo querrá luego el nuevo, porque dice: "El añejo es mejor".

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La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes."
(Dt 6:6-7)

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