La Biblia hoy - Reina Valera 1995

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 21/10/2014

Lucas 6-7
Texto bíblico

Versión actual:
Reina Valera 1995

Capítulo 6

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

 1Aconteció que un sábado, pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, restregándolas con las manos, comían. 2Algunos de los fariseos les dijeron: --¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en sábado? 3Respondiendo Jesús, les dijo: --¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre?, 4¿como entró en la casa de Dios y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5Y les decía: --El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

El hombre de la mano seca

 6Aconteció también en otro sábado que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7Y lo acechaban los escribas y los fariseos para ver si en sábado lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarlo. 8Pero él, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: --Levántate y ponte en medio. Él, levantándose, se quedó en pie. 9Entonces Jesús les dijo: --Os preguntaré una cosa: En sábado, ¿es lícito hacer bien o hacer mal?, ¿salvar la vida o quitarla? 10Y, mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: --Extiende tu mano. Él lo hizo y su mano fue restaurada. 11Ellos se llenaron de furor y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

Elección de los doce apóstoles

 12En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13Cuando llegó el día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14Simón, a quien también llamó Pedro, su hermano Andrés, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

Jesús atiende a una multitud

 17Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón que había venido para oírlo y para ser sanados de sus enfermedades; 18también los que habían sido atormentados por espíritus impuros eran sanados. 19Toda la gente procuraba tocarlo, porque poder salía de él y sanaba a todos.

Bienaventuranzas y ayes

 20Alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 21Bienaventuradoslos que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 22Bienaventurados seréiscuando los hombres os odien,os aparten de sí, os insulteny desechen vuestro nombre como malopor causa del Hijo del hombre. 23"Gozaos en aquel día y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, porque así hacían sus padres con los profetas. 24"Pero ¡ay de vosotros, ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. 25"¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. "¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque lamentaréis y lloraréis. 26"¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

 27"Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; 28bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. 29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. 32"Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

El juzgar a los demás

 37"No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir". 39Les dijo también una parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40El discípulo no es superior a su maestro; pero todo el que sea perfeccionado, será como su maestro. 41"¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 42¿O cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo", no mirando tú la viga que está en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.

Por sus frutos los conoceréis

 43"No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto, 44pues todo árbol se conoce por su fruto, ya que no se cosechan higos de los espinos ni de las zarzas se vendimian uvas. 45El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Los dos cimientos

 46"¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que yo digo? 47Todo aquel que viene a mí y oye mis palabras y las obedece, os indicaré a quién es semejante. 48Semejante es al hombre que, al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover porque estaba fundada sobre la roca. 49Pero el que las oyó y no las obedeció, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó y fue grande la ruina de aquella casa".

Capítulo 7

Jesús sana al siervo de un centurión

 1Después que terminó todas sus palabras al pueblo que lo oía, entró en Capernaúm. 2Y el siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo. 4Ellos se acercaron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: --Es digno de que le concedas esto, 5porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga. 6Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: --Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo, 7por lo que ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, 8pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. 9Al oir esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: --Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

 11Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: --No llores. 14Acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: --Joven, a ti te digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16Todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: "Un gran profeta se ha levantado entre nosotros" y "Dios ha visitado a su pueblo". 17Y se extendió la fama de él por toda Judea y por toda la región de alrededor.

Los mensajeros de Juan el Bautista

 18Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19y los envió a Jesús para preguntarle: "¿Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro?" 20Cuando, pues, los hombres vinieron a él, le dijeron: --Juan el Bautista nos ha enviado a ti para preguntarte: "¿Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro?" 21En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades, plagas y espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22Respondiendo Jesús, les dijo: --Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; 23y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. 24Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a la gente: --¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? Pero los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. 26Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 27Este es de quien está escrito: ""Yo envío mi mensajerodelante de tu faz, el cual preparará tu caminodelante de ti". 28"Os digo que entre los nacidos de mujeres no hay mayor profeta que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. 29El pueblo entero que lo escuchó, incluso los publicanos, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30Pero los fariseos y los intérpretes de la Ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, y no quisieron ser bautizados por Juan. 31Agregó el Señor: --¿A qué, pues, compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué son semejantes? 32Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que se gritan unos a otros y dicen: "Os tocamos flauta, y no bailasteis; os entonamos canciones de duelo y no llorasteis". 33Vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: "Demonio tiene". 34Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores". 35Pero la sabiduría es justificada por todos sus hijos.

Jesús en el hogar de Simón el fariseo

 36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiera con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume. 39Cuando vio esto el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: "Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora". 40Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: --Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: --Di, Maestro. 41--Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. 42No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más? 43Respondiendo Simón, dijo: --Pienso que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: --Rectamente has juzgado. 44Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón: --¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies. 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: --Tus pecados te son perdonados. 49Los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: --¿Quién es este, que también perdona pecados? 50Pero él dijo a la mujer: --Tu fe te ha salvado; ve en paz.
La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes."
(Dt 6:6-7)
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